No hace
falta darle muchas vueltas, y no les voy a contar lo que ya saben.
Minutos
después de iniciados los “incidentes” en el Obelisco, cubiertos desde todos los
ángulos posibles por cámaras de TN, salieron los obvios a batir la mezcla envenenada
y reclamar lo que consiguieron: aguarnos la fiesta.
La bolsa de
caca culofácil, con su profundo análisis político…
El mulo patea
puertas de La Nación, fue mucho más elemental y mostró las cartas.
Gracias a
Dios, estos luchadores contra la dictadura de las mayorías (cuyo principal
objetivo en la vida es convertirse en un facho famoso como Mariano Grondona o
algo peor todavía), son tan mediocres, que muestran la hilacha a cada puto paso.
Habría que
replantear tu cara, Obarrio… tenés cara de prender los fósforos con el
encendedor...
Cristina no
necesita a la Selección para llenar la plaza, gil… hacete hervir en leche.
Y el Campeón
Mundial de los sodomizados, lamedor del callo plantal de Magnetto: Guillermo
Lobo… con su coro de lobotomizados …
Deseo
concedido… Malditos hijos de puta…
No hubo Plaza
para agasajar a la Selección.
Pero así y
todo, Cristina se las rebuscó para recibir
a los jugadores, que venían muy bajoneados, abrazarlos a todos, levantarles el ánimo a ellos y a nosotros.
El abrazo
con Mascherano nos representó a todos los que teníamos ganas de darle ESE
abrazo.
Los pibes
entraron cabizbajos y tristes y terminaron riendo. La Jefa es una maravilla!
Hasta
Sabella le devolvió la broma de tirarle agua a Lavezzi…
Tomá Clarín…
esa es para vos, puto!
Leo en Twitter,
del lado de ellos, obvio, gente MUY preocupada por cómo se financia
una cobertura de Mundial durmiendo en una favela. Indignados por La Garganta
Profunda.
INDIGNADOS.
Hagámonos
cargo.
No odian a
Cristina.
Nos odian a
nosotros, a todos. Al pueblo. A Cristina también, porque nos representa.
Odian
nuestra alegría, odian que progresemos, odian que nos queramos, odian que
estemos bien.
Odian que
trabajemos, que pensemos, que riamos, que seamos creativos.
Pero por
sobre todo odian que nos burlemos de ellos y de su odio.
Odian no
contagiarnos el odio.
No pueden
creer que se pasan la vida inoculándonos su ponzoña y que seamos casi inmunes…
Y esta
alegría del mundial les jodía especialmente: porque estábamos festejando a
pesar de haber perdido -por nada, por un pellito- la copa del mundo, festejando
como campeones y levantándoles el ánimo a nuestra selección.
No pueden
digerir esas cosas. Que recibamos con emoción a nuestro seleccionado, después
de haber perdido y les digamos “gracias”.
Ellos
pueden hablar de la selección de mierda, el país de mierda… y generarte
disturbios simultáneos en el Obelisco, La Plata, Mar del Plata y Córdoba. La Casualidad
Permanente ahora la maneja Magnetto.
Les pagan
para destruirnos, para que no sintamos orgullo, ni alegría, ni satisfacción. Su
trabajo consiste en cagarnos la vida. Son una mierda, y tienen un trabajo de mierda.
Pero tienen
un grave problema: nosotros somos muchos… y ya los tenemos junados.
Y como dijo
nuestro gran filósofo contemporáneo popular:
QUE LA SIGAN
CHUPANDO.
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