25 septiembre 2006

LA ÚLTIMA DE MALEDICTO...

CÓMO MOSTRÁS LA HILACHA...

Resulta que en un discurso, en una universidad alemana, (ya todos sabemos), Male se despachó recordando a un emperador bizantino (de fines del 1300) que decía que “Mahoma no habría traído nada nuevo, solo cosas malvadas e inhumanas, como su orden de difundir la fe usando la espada"

"Dios no se complace con la sangre, actuar contra la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma y no del cuerpo. Quien quiere llevar a alguno a la fe necesita hablar bien y razonar correctamente y no usar la violencia y la amenaza",


“para convencer a una persona no es necesario disponer de instrumentos para atacarla ni de otros medios con los que se la pueda amenazar de muerte".


O sea que Maledicto, en un momento tan delicado como el actual, se puso echar nafta al fuego.


Un Papa que no asimiló la apertura que propuso el Concilio Vaticano II, y que tiró al tacho con toda voluntad las movidas de Juan Pablo II por el diálogo islámico-católico, los hace sentir a los musulmanes como adoradores de “un Dios que no está ligado a la racionalidad, a la verdad y al bien", dice Mansur Escudero, psiquiatra cordobés y presidente de Junta Islámica de España

¿Con qué derecho?

Imaginemos que los musulmanes, representados por su mayor exponente, dijeran que los católicos creen que la condición de la salvación reside en la obligación de creer (ciegamente) en dogmas incomprensibles para la razón, como la Santísima Trinidad que son 3 pero son uno... que María siendo virgen haya engendrado al hijo de Dios... que Jesús haya resucitado en cuerpo y alma... la idea de que somos culpables de un pecado que no hemos cometido... o como la resurrección de la carne.


Por no hablar del dogma de la infalibilidad del Papa.

Imaginemos a las huestes ultracatólicas escuchando tales afirmaciones... de un musulmán...

A todo esto, el portavoz vaticano, Federico Lombardi, dice que el Papa sólo quiso poner un ejemplo y que nunca quiso dar la interpretación de que el islam sea violento, aunque dentro de él haya posiciones que lo son.

O sea, que sobre llovido mojado, además de fundamentalistas, adoradores de un profeta violento e irracionales, los trata de boludos, que malinterpretan lo que el papa quiso decir... recular y pedir perdón, jamás (aunque no me creo que haya sido “un error”, más después de leer la nota de Verbitsky del página12:)

En noviembre Juan Pablo II y Ratzinger apoyaron la reelección de Bush, con quien compartían los mismos valores morales en contra del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la eutanasia, la manipulación genética o la investigación con células madre”

“La acertada cercanía vaticana con el judaísmo, iniciada por Juan Pablo II y continuada por Benedicto XVI, es motivada por el diálogo, el respeto, el dolor por las responsabilidades del pasado, la comprensión de todo lo que ‘tenemos en común’ o es una estrategia política frente a un ‘enemigo común’”.

Si el Papa quiso cuestionar que a veces se utilizara la religión para la violencia, ¿no era más lógico empezar preguntándose por ejemplos cristianos, y no recurrir a un diálogo del 1300? ¿No es Bush un buen ejemplo de violencia en nombre de Dios, y desde una mirada cristiana?”

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Bush y su corte en los medios nos muestran a cada rato a esos jóvenes que van a la muerte, que se inmolan, que rezan y encomiendan su vida a Alá... Es cierto que desde nuestra mirada, suena impresionante. Al respecto, leí lo siguiente:

No quiero hablar del Islam. Prefiero señalar que los países donde esta fe es mayoritaria no han sido agresivos durante los dos últimos siglos. Lo que está ocurriendo ahora no puede despacharse con cuatro tópicos sobre diferencias religiosas. (...)

El mundo cambió radicalmente con la globalización y se agravan las diferencias entre países pobres y ricos y dentro de cada país se hacen más profundas las diferencias sociales. (...)

Los suicidas no actúan necesariamente por motivaciones religiosas, como ha explicado el estudio del doctor Pope sobre los kamikazes, sino que se enfrentan de una manera radical a la dominación extranjera.”

(Del historiador británico Eric Hobsbawm, en su paso por España para participar del Festival Hay.)
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"Alá te ama, hermano Benedicto", le respondieron


"Es por la responsabilidad que tienes ante el género humano, y especialmente ante el universo de creyentes prometido a Abraham, que vemos con tristeza tu lección de teología, teñida de irresponsabilidad e indolencia, que fomenta una visión trivial y frívola del islam, que favorece el enfrentamiento entre creyentes y que hace el juego servilmente a los terroristas y a los poderes que no dudan en asesinar a miles de inocentes, violar toda clase de resoluciones, invadir impunemente los países o desplazar millones de personas y dejarlas sin hogar y sin historia en nombre de una clase de dios, libertad o democracia que no armonizan con los valores que dimanan de un Dios misericordioso y compasivo".

Cristalina, la respuesta, no?

Ay ay ay, Maledicto Natzinger... sos un peligro!

Che... no les resulta parecida la mirada de éstos dos bichos?

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Besos anticlericales para todos

10 comentarios:

Juan Manuel Soria dijo...

Estimados:

Realmente me sorprende el nivel de ignorancia de la persona que escribió este artículo.

Un intelectual de izquierda -serio- de España acaba de señalar al abandono del Papado y de la ejemplar clase magistral del Papa en Regensburg como una de las señales más claras del suicidio cultural europeo y de Occidente.

Copio entero el discurso del Papa. Creo que la persona que opinó sobre el mismo, desde su insignificante nivel cultural, podría estar toda la vida -como el Pierre Menard de Borges- y no legar a componer un discurso lleno de la verdad, profundidad y sabiduría de esta clase del Santo Padre.

Por demás, el ataque al Papa justificando la violencia y el asesinato religioso promovido por los musulmanes y la Jijad, habla de la perturbación mental e ideológica de quién escribio el post, como la referencia despreciativa al Papa como Maledicto. Como Jesus en su Cruz repito y les digo: "Señor, perdónalos, no saben lo que hacen".


VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
A MUNICH, ALTÖTTING Y RATISBONA
(9-14 DE SEPTIEMBRE DE 2006)

ENCUENTRO CON EL MUNDO DE LA CULTURA

DISCURSO DEL SANTO PADRE

Universidad de Ratisbona
Martes 12 de septiembre de 2006



Fe, razón y universidad.
Recuerdos y reflexiones


Eminencias;
rectores magníficos;
excelencias;
ilustres señores; amables señoras:

Para mí es un momento emocionante encontrarme de nuevo en esta universidad y poder impartir una vez más una lección magistral. A la vez, mi pensamiento vuelve a aquellos años en los que, tras un hermoso período en el Instituto superior de Freising, inicié mi actividad de profesor académico en la universidad de Bonn. Era el año 1959, cuando la antigua universidad todavía tenía profesores ordinarios. Para las cátedras no existían ni asistentes ni dactilógrafos, pero en compensación había un contacto muy directo con los alumnos y sobre todo entre los profesores. Nos reuníamos antes y después de las clases en las salas de los profesores. Los contactos con los historiadores, los filósofos, los filólogos y naturalmente también entre las dos facultades teológicas eran muy estrechos. Una vez cada semestre había un dies academicus, en el que los profesores de todas las facultades se presentaban ante los estudiantes de toda la universidad, haciendo así posible una experiencia de universitas —algo a lo que hace poco también ha aludido usted, señor rector—; es decir, la experiencia de que nosotros, a pesar de todas las especializaciones, que a veces nos impiden comunicarnos entre nosotros, formamos un todo y trabajamos en el todo de la única razón con sus diferentes dimensiones, colaborando así también en la responsabilidad común por el recto uso de la razón. Se trataba de una experiencia viva.

Sin duda, la universidad también se sentía orgullosa de sus dos facultades teológicas. Estaba claro que también ellas, interrogándose sobre la racionalidad de la fe, realizan un trabajo que necesariamente forma parte del "todo" de la universitas scientiarum, aunque no todos podían compartir la fe, por cuya correlación con la razón común se esfuerzan los teólogos. Esta cohesión interior en el cosmos de la razón no se alteró ni siquiera cuando, en cierta ocasión, se supo que uno de los profesores había dicho que en nuestra universidad había algo extraño: dos facultades que se ocupaban de algo que no existía, de Dios. En el conjunto de la universidad existía la convicción, que nadie ponía en discusión, de que incluso frente a un escepticismo tan radical seguía siendo necesario y razonable interrogarse sobre Dios por medio de la razón y que se debía hacer en el contexto de la tradición de la fe cristiana.

Recordé todo esto recientemente cuando leí la parte editada por el profesor Theodore Khoury (Münster) del diálogo que el docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo, tal vez en los cuarteles de invierno del año 1391 en Ankara, mantuvo con un persa culto sobre el cristianismo y el islam, y sobre la verdad de ambos. Probablemente fue el mismo emperador quien anotó, durante el asedio de Constantinopla entre 1394 y 1402, ese diálogo. Así se explica que sus razonamientos se recojan mucho más detalladamente que las respuestas de su interlocutor persa. El diálogo se extiende a todo el ámbito de las estructuras de la fe contenidas en la Biblia y en el Corán, y se detiene sobre todo en la imagen de Dios y del hombre, pero necesariamente también en la relación entre las "tres Leyes", como se decía, o tres "órdenes de vida": Antiguo Testamento, Nuevo Testamento y Corán. No quiero hablar ahora de eso en este discurso; sólo quisiera aludir a un aspecto —más bien marginal en la estructura de todo el diálogo— que, en el contexto del tema "fe y razón" me ha fascinado y que servirá como punto de partida para mis reflexiones sobre este tema.

En el séptimo coloquio (διάλεξις, controversia) editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la "yihad", la guerra santa. Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: "Ninguna constricción en las cosas de fe". Según dicen los expertos, es una de las suras del período inicial, en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa.

Sin detenerse en detalles, como la diferencia de trato entre los que poseen el "Libro" y los "incrédulos", con una brusquedad que nos sorprende, se dirige a su interlocutor simplemente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia en general, diciendo: "Muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su directriz de difundir por medio de la espada la fe que predicaba".

El emperador, después de pronunciarse de un modo tan duro, explica luego minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. "Dios no se complace con la sangre —dice—; no actuar según la razón (σὺν λόγω) es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas. (...) Para convencer a un alma razonable no hay que recurrir al propio brazo ni a instrumentos contundentes ni a ningún otro medio con el que se pueda amenazar de muerte a una persona".

En esta argumentación contra la conversión mediante la violencia, la afirmación decisiva es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. El editor, Theodore Khoury, comenta: para el emperador, como bizantino educado en la filosofía griega, esta afirmación es evidente. En cambio, para la doctrina musulmana, Dios es absolutamente trascendente. Su voluntad no está vinculada a ninguna de nuestras categorías, ni siquiera a la de la racionalidad. En este contexto Khoury cita una obra del conocido islamista francés R. Arnaldez, quien observa que Ibn Hazm llega a decir que Dios no estaría vinculado ni siquiera por su misma palabra y que nada le obligaría a revelarnos la verdad. Si fuese su voluntad, el hombre debería practicar incluso la idolatría.

Aquí se abre, en la comprensión de Dios y por tanto en la realización concreta de la religión, un dilema que hoy nos plantea un desafío muy directo. La convicción de que actuar contra la razón está en contradicción con la naturaleza de Dios, ¿es solamente un pensamiento griego o vale siempre y por sí mismo? Pienso que en este punto se manifiesta la profunda concordancia entre lo que es griego en el mejor sentido y lo que es fe en Dios según la Biblia.

Modificando el primer versículo del libro del Génesis, el primer versículo de toda la sagrada Escritura, san Juan comenzó el prólogo de su Evangelio con las palabras: "En el principio existía el λόγος". Esta es exactamente la palabra que usa el emperador: Dios actúa σὺν λόγω, con logos. Logos significa tanto razón como palabra, una razón que es creadora y capaz de comunicarse, pero precisamente como razón. Así san Juan nos dio la palabra conclusiva sobre el concepto bíblico de Dios, la palabra en la que todos los caminos a menudo arduos y tortuosos de la fe bíblica alcanzan su meta, encuentran su síntesis.

En el principio existía el logos, y el logos es Dios, nos dice el evangelista. El encuentro entre el mensaje bíblico y el pensamiento griego no era una simple casualidad. La visión de san Pablo, ante quien se habían cerrado los caminos de Asia y que en sueños vio un macedonio que le suplicaba: "Pasa a Macedonia y ayúdanos" (cf. Hch 16, 6-10), puede interpretarse como una "condensación" de la necesidad intrínseca de un acercamiento entre la fe bíblica y la filosofía griega.

En realidad, este acercamiento ya había comenzado desde hacía mucho tiempo. Ya el nombre misterioso de Dios, pronunciado desde la zarza ardiente, que distingue a este Dios del conjunto de las divinidades con múltiples nombres afirmando sólo su "Yo soy", su ser, en comparación con el mito es una respuesta con la que está en íntima analogía el intento de Sócrates de vencer y superar al mito mismo. El proceso iniciado junto a la zarza alcanza, dentro del Antiguo Testamento, una nueva madurez durante el destierro, donde el Dios de Israel, entonces privado de la tierra y del culto, se anuncia como el Dios del cielo y de la tierra, presentándose con una simple fórmula que prolonga las palabras de la zarza: "Yo soy".

Juntamente con este nuevo conocimiento de Dios se da una especie de ilustración, que se expresa drásticamente con la burla de las divinidades que no son sino obra de las manos del hombre (cf. Sal 115). De este modo, a pesar de toda la dureza del desacuerdo con los soberanos helenísticos, que querían obtener con la fuerza la adecuación al estilo de vida griego y a su culto idolátrico, la fe bíblica, durante la época helenística, salía interiormente al encuentro de lo mejor del pensamiento griego, hasta llegar a un contacto recíproco que después se dio especialmente en la literatura sapiencial tardía.

Hoy sabemos que la traducción griega del Antiguo Testamento, realizada en Alejandría —la Biblia de los "Setenta"—, es algo más que una simple traducción del texto hebreo (sobre la cual habría que dar quizá un juicio poco positivo): en efecto, es un testimonio textual en sí mismo y un importante paso específico de la historia de la Revelación, en el cual se realizó este encuentro de un modo que tuvo un significado decisivo para el nacimiento del cristianismo y su divulgación. En el fondo, se trata del encuentro entre fe y razón, entre auténtica ilustración y religión. Partiendo verdaderamente de la íntima naturaleza de la fe cristiana y, al mismo tiempo, de la naturaleza del pensamiento griego ya fundido con la fe, Manuel II podía decir: No actuar "con el logos" es contrario a la naturaleza de Dios.

Por honradez, en este punto es preciso anotar que, en la tardía Edad Media, en la teología se desarrollaron tendencias que rompen esta síntesis entre espíritu griego y espíritu cristiano. En contraposición al así llamado intelectualismo agustiniano y tomista, con Juan Duns Escoto comenzó un planteamiento voluntarista que, tras sucesivos desarrollos, llevó al final a la afirmación de que sólo conoceríamos de Dios la voluntas ordinata. Más allá de esta existiría la libertad de Dios, en virtud de la cual él habría podido crear y hacer también lo contrario de todo lo que efectivamente ha hecho.

Aquí se perfilan posiciones que, sin lugar a dudas, pueden acercarse a las de Ibn Hazm y podrían llevar incluso a la imagen de un Dios arbitrario, que no está vinculado ni siquiera a la verdad y al bien. La trascendencia y la diversidad de Dios se acentúan de una manera tan exagerada, que incluso nuestra razón, nuestro sentido de la verdad y del bien dejan de ser un auténtico espejo de Dios, cuyas posibilidades abismales permanecen para nosotros eternamente inalcanzables y escondidas tras sus decisiones efectivas.

En contraposición a esa visión, la fe de la Iglesia se ha atenido siempre a la convicción de que entre Dios y nosotros, entre su eterno Espíritu creador y nuestra razón creada, existe una verdadera analogía, en la que ciertamente —como dice el IV concilio de Letrán, en el año 1215— las diferencias son infinitamente más grandes que las semejanzas, pero a pesar de ello no llegan a abolir la analogía y su lenguaje. Dios no se hace más divino por el hecho de que lo alejemos de nosotros con un voluntarismo puro e impenetrable; el Dios verdaderamente divino es el Dios que se ha manifestado como logos y ha actuado y actúa como logos lleno de amor por nosotros. Ciertamente el amor, como dice san Pablo, "rebasa" el conocimiento y por eso es capaz de percibir más que el simple pensamiento (cf. Ef 3, 19); sin embargo, sigue siendo el amor del Dios-Logos, por lo cual el culto cristiano, como dice también san Pablo, es λογικη λατρεία, un culto que concuerda con el Verbo eterno y con nuestra razón (cf. Rm 12, 1).

Este acercamiento interior recíproco, que se ha dado entre la fe bíblica y el planteamiento filosófico del pensamiento griego, es un dato de importancia decisiva no sólo desde el punto de vista de la historia de las religiones, sino también desde el de la historia universal, un dato que se nos impone también hoy. Teniendo en cuenta este encuentro, no es sorprendente que el cristianismo, a pesar de su origen y de cierto importante desarrollo en Oriente, haya encontrado por fin su huella históricamente decisiva en Europa. Podemos expresarlo también al contrario: este encuentro, al que se une sucesivamente el patrimonio de Roma, creó a Europa y permanece como fundamento de lo que, con razón, se puede llamar Europa.

A la tesis según la cual el patrimonio griego, críticamente purificado, forma parte integrante de la fe cristiana se opone la pretensión de la deshelenización del cristianismo, pretensión que desde el inicio de la época moderna domina cada vez más la investigación teológica. Si se analiza con esmero, se pueden observar tres oleadas en el programa de la deshelenización: aunque están vinculadas entre sí, son claramente distintas la una de la otra en sus motivaciones y en sus objetivos.

La deshelenización surge al inicio en conexión con los postulados de la Reforma del siglo XVI. Considerando la tradición de las escuelas teológicas, los reformadores se veían ante una sistematización de la fe condicionada totalmente por la filosofía, es decir, ante una determinación de la fe desde el exterior en virtud de una manera de pensar que no derivaba de ella. Así la fe ya no aparecía como palabra histórica viva, sino como un elemento insertado en la estructura de un sistema filosófico.

La sola Scriptura, en cambio, busca la forma pura primordial de la fe, tal como está presente originariamente en la Palabra bíblica. La metafísica se presenta como un presupuesto que deriva de otra fuente, de la que es preciso liberar la fe para que vuelva a ser totalmente lo que era. Con su afirmación de que había tenido que renunciar a pensar para dejar espacio a la fe, Kant actuó según este programa con un radicalismo que los reformadores no pudieron prever. De este modo, ancló la fe exclusivamente en la razón práctica, negándole el acceso a toda la realidad.

La teología liberal de los siglos XIX y XX aportó una segunda oleada en el programa de la deshelenización; su representante más destacado es Adolf von Harnack. En mis años de estudio y en los primeros años de mi actividad académica, este programa ejercía un gran influjo también en la teología católica. Como punto de partida se utilizaba la distinción que Pascal hizo entre el Dios de los filósofos y el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. En mi discurso inaugural en Bonn, en 1959, traté de afrontar este asunto y no quiero repetir aquí todo lo que dije en aquella ocasión, pero me gustaría tratar de poner de relieve, al menos brevemente, la novedad que caracterizaba esta segunda oleada de deshelenización con respecto a la primera.

La idea central de Harnack era sencillamente volver al hombre Jesús y a su mensaje fundamental, anterior a todas las elucubraciones de la teología y, precisamente, también antes de las helenizaciones: este mensaje fundamental constituiría la verdadera culminación del desarrollo religioso de la humanidad. Jesús habría acabado con el culto sustituyéndolo con la moral. En definitiva, se presentaba a Jesús como padre de un mensaje moral humanitario.

El objetivo de Harnack, en el fondo, era hacer que el cristianismo estuviera en armonía con la razón moderna, precisamente librándolo de elementos aparentemente filosóficos y teológicos, como por ejemplo la fe en la divinidad de Cristo y en la trinidad de Dios. En este sentido, la exégesis histórico-crítica del Nuevo Testamento, en su visión, volvió a situar la teología en el cosmos de la universidad: para Harnack, la teología es algo esencialmente histórico y, por tanto, estrictamente científico. Lo que investiga sobre Jesús mediante la crítica es, por decirlo así, expresión de la razón práctica y en consecuencia también se puede sostener en el conjunto de la universidad.

En el trasfondo subyace la autolimitación moderna de la razón, expresada de un modo clásico en las "críticas" de Kant, pero mientras tanto radicalizada ulteriormente por el pensamiento de las ciencias naturales. Este concepto moderno de la razón se basa, por decirlo brevemente, en una síntesis entre platonismo (cartesianismo) y empirismo, confirmada por el éxito de la técnica.

Por una parte, se presupone la estructura matemática de la materia, por decirlo así, su racionalidad intrínseca, que hace posible comprenderla y utilizarla en su eficacia práctica: este presupuesto de fondo es, por decirlo así, el elemento platónico en el concepto moderno de la naturaleza. Por otra, se trata de la posibilidad de explotar la naturaleza para nuestros propósitos, y en este caso sólo la posibilidad de controlar la verdad o la falsedad a través de la experimentación puede llevar a la certeza decisiva. El peso entre los dos polos, dependiendo de las circunstancias, puede estar más en uno que en otro. Un pensador tan fuertemente positivista como J. Monod se declaró platónico convencido.

Esto implica dos orientaciones fundamentales para nuestra cuestión. Sólo el tipo de certeza que deriva de la sinergia de matemática y método empírico puede considerarse científica. Lo que pretenda ser ciencia tiene que confrontarse con este criterio. De este modo, también las ciencias referidas al hombre, como la historia, la psicología, la sociología y la filosofía, trataban de acercarse a este canon de valor científico. Por lo demás, para nuestras reflexiones es importante constatar que el método como tal excluye el problema de Dios, presentándolo como un problema a-científico o pre-científico. Pero así nos encontramos ante una reducción del ámbito de la ciencia y de la razón que es preciso poner en discusión.

Volveré más tarde sobre este asunto. Por el momento basta tener presente que en un intento, a la luz de esta perspectiva, de conservar a la teología el carácter de disciplina "científica", del cristianismo no quedaría más que un miserable fragmento. Pero debemos decir más: si la ciencia en su conjunto es sólo esto, entonces el hombre mismo sufriría una reducción, pues los interrogantes propiamente humanos, es decir, "de dónde" viene y "a dónde" va, los interrogantes de la religión y de la ética, no pueden encontrar lugar en el espacio de la razón común descrita por la "ciencia" entendida de este modo y tienen que desplazarse al ámbito de lo subjetivo. El sujeto, basándose en su experiencia, decide lo que considera sostenible en el ámbito religioso, y la "conciencia" subjetiva se convierte, en definitiva, en la única instancia ética.

Sin embargo, de este modo la ética y la religión pierden su poder de crear una comunidad y se convierten en un asunto totalmente personal. La situación que se crea es peligrosa para la humanidad, como se puede constatar en las patologías que amenazan a la religión y la razón, patologías que necesariamente deben explotar cuando la razón se reduce hasta tal punto que las cuestiones de la religión y la ética ya no le interesan. Lo que queda de esos intentos de construir una ética partiendo de las reglas de la evolución, de la psicología o de la sociología, es simplemente insuficiente.

Antes de llegar a las conclusiones a las que lleva todo este razonamiento, quiero referirme brevemente a la tercera oleada de la deshelenización, que se está difundiendo actualmente. Teniendo en cuenta el encuentro entre múltiples culturas, se suele decir hoy que la síntesis con el helenismo, realizada en la Iglesia antigua, fue una primera inculturación, que no debería ser vinculante para las demás culturas. Estas deberían tener derecho a volver atrás hasta el punto anterior a esa inculturación, para descubrir el mensaje fundamental del Nuevo Testamento e inculturarlo de nuevo en sus ambientes particulares.

Esta tesis no está totalmente equivocada, pero es torpe e imprecisa. En efecto, el Nuevo Testamento fue escrito en griego e implica el contacto con el espíritu griego, un contacto que había madurado en el desarrollo precedente del Antiguo Testamento. Ciertamente, en el proceso de formación de la Iglesia antigua hay elementos que no deben integrarse en todas las culturas. Sin embargo, las decisiones fundamentales que atañen precisamente a la relación de la fe con la búsqueda de la razón humana forman parte de la fe misma y son sus desarrollos, acordes con su naturaleza.

Así llego a la conclusión. Este intento, realizado sólo a grandes rasgos, de crítica de la razón moderna desde su interior, de ninguna manera incluye la opinión de que hay que regresar al período anterior a la Ilustración, rechazando las convicciones de la época moderna. Se debe reconocer sin reservas lo que tiene de positivo el desarrollo moderno del espíritu: todos nos sentimos agradecidos por las maravillosas posibilidades que ha abierto al hombre y por los progresos que se han logrado en el campo humano.

Por lo demás, la ética de la investigación científica —como ha aludido usted, rector magnífico—, debe implicar una voluntad de obediencia a la verdad y, por tanto, debe ser expresión de una actitud que forma parte de las decisiones esenciales del espíritu cristiano. Por consiguiente, nuestra intención no es retirarnos o hacer una crítica negativa, sino ampliar nuestro concepto de razón y de su uso. Porque, mientras nos alegramos por las nuevas posibilidades abiertas a la humanidad, también vemos los peligros que emergen de estas posibilidades y debemos preguntarnos cómo podemos evitarlos. Sólo lo lograremos si la razón y la fe se vuelven a encontrar unidas de un modo nuevo, si superamos la limitación, autodecretada, de la razón a lo que se puede verificar con la experimentación, y le abrimos nuevamente toda su amplitud. En este sentido, la teología, no sólo como disciplina histórica y ciencia humana, sino como teología auténtica, es decir, como ciencia que se interroga sobre la razón de la fe, debe encontrar espacio en la universidad y en el amplio diálogo de las ciencias.

Sólo así se puede entablar un auténtico diálogo entre las culturas y las religiones, un diálogo que necesitamos con urgencia. En el mundo occidental está muy difundida la opinión según la cual sólo la razón positivista y las formas de la filosofía derivadas de ella son universales. Pero las culturas profundamente religiosas del mundo consideran que precisamente esta exclusión de lo divino de la universalidad de la razón constituye un ataque a sus convicciones más íntimas. Una razón que sea sorda a lo divino y que relegue la religión al ámbito de las subculturas, es incapaz de entrar en el diálogo de las culturas. Con todo, como he tratado de demostrar, la razón moderna propia de las ciencias naturales, con su elemento platónico intrínseco, conlleva un interrogante que la trasciende, como trasciende las posibilidades de su método.

La razón moderna tiene que aceptar sencillamente la estructura racional de la materia y la correspondencia entre nuestro espíritu y las estructuras racionales que actúan en la naturaleza como un dato de hecho, en el que se basa su método. Pero de hecho se plantea la pregunta sobre el porqué de este dato, y las ciencias naturales deben dejar que respondan a ella otros niveles y otros modos de pensar, es decir, la filosofía y la teología.

Para la filosofía y, de modo diferente, para la teología, escuchar las grandes experiencias y convicciones de las tradiciones religiosas de la humanidad, especialmente las de la fe cristiana, constituye una fuente de conocimiento; no aceptar esta fuente de conocimiento sería una grave limitación de nuestra escucha y nuestra respuesta.

Aquí me vienen a la mente unas palabras que Sócrates dijo a Fedón. En los diálogos anteriores se habían referido muchas opiniones filosóficas erróneas; y entonces Sócrates dice: "Sería fácilmente comprensible que alguien, a quien le molestaran todas estas opiniones erróneas, desdeñara durante el resto de su vida y se burlara de toda conversación sobre el ser; pero de esta forma renunciaría a la verdad de la existencia y sufriría una gran pérdida".

Occidente, desde hace mucho, está amenazado por esta aversión contra los interrogantes fundamentales de su razón, y así sólo puede sufrir una gran pérdida. La valentía para abrirse a la amplitud de la razón, y no la negación de su grandeza, es el programa con el que una teología comprometida en la reflexión sobre la fe bíblica entra en el debate de nuestro tiempo. "No actuar según la razón, no actuar con el logos, es contrario a la naturaleza de Dios", dijo Manuel II, partiendo de su imagen cristiana de Dios, respondiendo a su interlocutor persa. En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a este gran logos, a esta amplitud de la razón. Redescubrirla constantemente nosotros mismos es la gran tarea de la universidad.

* * *

luzbelita dijo...

Juan Manuel Soria...

Quedate tranquilo que dios me perdona toda mi insignificancia intelectual.(yo soy la persona que escribió este artículo)

A todo esto me encanta porque me calificás (perturbada mental e ideológica) pero no me das ningún argumento, solo transcribís el discurso, que, por otra parte, ya había leido... y tu único argumento parece ser "un intelectual de izquierda -serio- de España" de quien no das el nombre... (así que no me consta ni que sea de izquierda ni que sea serio) que consideró ejemplar el discurso de Maledicto.

A mi abuelita (que es de España, de izquierda y muy seria, le pareció una cagada)

Además tampoco aludís a las disculpas que tuvo que pedir después... ¿para qué pidió disculpas si fue un discurso tan magistral?

Porqué será que tantas personas de fe islàmica se sintieron ofendidos? ¿carecen de tu significancia intelectual?

Jack Celliers dijo...

Me encanta el nivel intelectual de Soria, me deja apabullado, me admira, me embelesa, es tan claro, tan lógico y tan prístino que me recuerda un loro que yo tenía.

vadinho dijo...

es verdad, dios, perdónala, luzbelita, no sabe lo que hace...

yo sí, porque soy dios y mi madre es virgen.

Anónimo dijo...

Tipos como este, ayudan a masacrar, reprimir, torturar, discriminar, abortar cualquier idea que los ponga en duda de sus tenebrosos pensamientos, que en el fondo son los de sojuzgar a todo ser humano que se les cruce por delnate, Pedazos de animales "ilustrados" que para lo único que sirven es para justificar lo que n se animan: LA MUERTE.

guillermo dijo...

Que barrrrrrrrbaro!!! cuanta erudicción, cuanto palabrerío ilustrado al cuete!! todo eso no alcanza ni a la verdad ni a la razón: El Papa no es infalible. Benedicto -noséquenúmero- metió la pata. Citar un escrito oscuro y varias veces centenario, justo, justo a horas del aniversario de la caída de las torres gemelas es una burrada, y encima muy funcional al cruzado del siglo XXI, Bush Jr. Eso si...lo reconocieron al error y pidieron disculpas. Ah!! y más rápido que a Galileo.
Mi querido teólogo...tendrías que abrir in poco más los ojos ( la mente también..) y ver cuál es la realidad del mundo

tocomocho dijo...

perdoná que no te avisé antes luzbe, pero el novio de maledicto no se banca que le toquen el culo a su noviete y siempre tiene un discurso a mano para defenderlo. eso sí, nunca impide que su noviete le toque el culo al mundo entero (para eso no necesita discursetes porque ya tiene al banco ambrosiano).
por suerte el discurso es tan largo, que no lo leo ni que lo haya escrito bukowski.
mi querida hereje, para vos mis más estimadas y profundas caricias.
ah, mi abuelita también es española y de izquierda, pero un cago de risa, me dijo: ni papas ni califas: yo quiero pijas (y bueh che, me salió puta la vieja).
canzonetas, vino tinto y bailes varios

Juan Manuel Soria dijo...

A la caterva de infradotados que me respondió:

Luzbelita:

1.- Reitero que padecés -como la mayoría de la gente de izquierda- cierta perturbaciòn mental por mezclar tu resentimiento social visceral con una forma de pseudo- razón discursiva que te lleva a criticar un discurso del Papa que sólo es criticable bien sea por motivos de anticatolicismo, o de fanatismo musulmán; o una mezcla híbrida de ambos. No porque el discurso pueda ser mínimamente criticado.
En definitiva, un discurso como el del Papa o cualquier discurso -estrictamente hablando- no pueden conmoverte. Tu mente no funciona normalmente.

2.- Saludos a tu abuelita, lo único que cabe colegir de que el discurso del Papa le haya parecido una cagada es que, como es ella quien tiene mierda en la cabeza, no puede pensar otra cosa más que la propia mierda que regurgita. Sólo un imbécil puede opinar así de este discurso. O un estúpido cuyas entendederas se reducen a alabar los discursos llenos de insultos y procacidades del Presidente de la República, Hebe de Bonafini y otros ejemplares zoológicos de la fauna política de la izquierda argentina.

3.- El Santo Padre no pidió perdon por nada ni a nadie, simplemente aclaró el sentido de lo que quiso decir y nada más. Y el sentido de lo que quiso decir es exactamente el mismo de la lectura literal del discurso aquí copiado. Así que todo esta igual, ni cambio de discurso ni pedido de perdón. Simplemente aclaración.
El mensaje es el mismo: invitar a los musulmanes a razonar sobre la idea de que la imposición de la religión por la violencia es pretender unir términso antitéticos.

4.- Para el resto de los apestosos copio ahora el artículo de Sandro Magister -con su links- sobre la carta abierta enviada al Papa por 38 de los más prestigiosos religiosos e intelectuales del mundo musulmán, rechazando absolutamente las impertinentes reacciones contra el discurso del Papa, como los impertinentes pedidos de rectificación dirigidos por los fanáticos islámicos de consuno con la zurda irracional multiculturalista anticatólica internacional (como muchos de los integrantes de este blog).

4.- Paradójico ¿no? Uds. -los que se dicen perseguidos con violencia y con sus derechos humanos siempre violados- unidos a los fanáticos religios más violentos e irracionales del mundo. Me parece que estos episodios revelan la esencia profundamente irracional, inhumana, asesina, sangrienta y satánica de ciertos izquierdistas llenos de odio y de deseos de derramar sangre humana.

The Regensburg Effect: The Open Letter from 38 Muslims to the Pope
Instead of saying they are offended and demanding apologies, they express their respect for him and dialogue with him on faith and reason. They disagree on many points. But they also criticize those Muslims who want to impose, with violence, “utopian dreams in which the end justifies the means”

by Sandro Magister





ROMA, October 18, 2006 – One month after his lecture at the University of Regensburg, Benedict XVI received an “open letter” signed by 38 Muslim personalities from various countries and of different outlooks, which discusses point by point the views on Islam expressed by the pope in that lecture.

The letter came to pope Joseph Ratzinger through the Vatican nunciature in Amman, to which it was delivered by one of the signatories, prince Ghazi bin Muhammad bin Talal, special advisor to the king of Jordan, Abdullah II.

The complete text of the letter, in English, has been available since Sunday, October 15, on the website of “Islamica Magazine,” a periodical published in the Unites States that holds the copyright to this document.

The letter is followed by the names and roles of the 38 main signatories, who may be joined by others.

The authors of the letter welcome and appreciate without reservation the clarifications made by Benedict XVI after the wave of protests that issued from the Muslim world a few days after the lecture in Regensburg, and in particular the speech that the pope addressed to ambassadors from Muslim countries on September 25, and also the reference made by cardinal secretary of state Tarcisio Bertone, in a note issued on September 16, to the conciliar document “Nostra Aetate.”

And not only that. They condemn with very strong words the assassination that took place in Somalia, in Muslim Mogadishu, of sister Leonella Sgorbati, thereby linking this to the protests that were at their peak at the time:

“We must state that the murder on September 17th of an innocent Catholic nun in Somalia – and any other similar acts of wanton individual violence – 'in reaction to' the lecture at the University of Regensburg, is completely un-Islamic, and we totally condemn such acts.”

The authors of the letter appreciate Benedict XVI’s desire for dialogue and take very seriously his theses. “Applaud” pope's “efforts to oppose the dominance of positivism and materialism in human life,” while contest him on other points, adding their reasons for their opposition.

In this sense, the letter signed by the 38 – together with the preceding essay by Aref Ali Nayed, previewed by www.chiesa on October 4 – goes towards what the pope meant to accomplish with his audacious lecture in Regensburg: to encourage, within the Muslim world as well, public reflection that would separate faith from violence and link it to reason instead. Because, in the pope’s view, it is precisely the “reasonableness” of the faith that is the natural terrain of encounter between Christianity and the various other religions and cultures.

A first point on which the letter from the 38 Muslims “reasons” with Benedict XVI concerns sura 2:256 of the Qur’an: “There is no compulsion in religion.” The authors of the letter assert that Mohammed formulated this commandment, not when he found himself “powerless and under threat” – which the pope maintains as “probable” in his lecture – but when he was in a position of strength, in Medina. And that he intended by this to appeal to Muslims, whenever they conquered a territory, “not to force another’s heart to believe.”

A second point on which the letter dwells concerns the transcendence of God. That Muslim doctrine holds that God is “absolutely transcendent,” as the pope asserts, is in the judgment of the 38 signatories “a simplification which can be misleading.” The eleventh-century Muslim author to whom the pope refers - Ibn Hazm - is in their view “a worthy but very marginal figure, who belonged to the Zahiri school of jurisprudence which is followed by no one in the Islamic world today.” It is not true – they write – that “the will of God is not bound to any of our categories,” that the God of Islam is a “capricious” God, and far less so that he could delight in bloodshed. God has many names in Islam, and his “clemency and mercy” have the greatest prominence: they are present in the sacred formula that the Muslims recite every day.

The third point is the use of reason. The authors of the letter write that Islamic thought has always wanted to avoid two extremes: the first is that of raising up analytic reason as the arbiter of truth, and the other is that of denying the capacity of the human intellect to address the ultimate questions. There is – they write – a harmony between the questions of human reason and the truths of Qur’anic revelation, “without sacrificing one for the other.”

The fourth point is holy war. The 38 signatories of the letter recall that the word “jihad” properly means “struggle in the way of God,” which is not necessarily war. Even Christ used violence when he chased the merchants from the temple. They sum up in this way Islam’s three “authoritative and traditional” rules on war:

– civilians are not approved targets;
– religious creed alone cannot make a person the object of an attack;
– Muslims can and must live peacefully beside their neighbors, although the legitimacy of self-defense and the maintenance of sovereignty remain valid principles.

So if some Muslims – they write – have ignored such well-established teaching on the limits of war, preferring to this “utopian dreams where the end justifies the means, they have done so of their own accord and without the sanction of God, His Prophet, or the learned tradition.”

The fourth point taken into consideration is forced conversion. As a political reality – write the authors of the letter – Islam certainly did spread in part by military conquest, “but the greater part of its expansion came as a result of preaching and missionary activity.” The commandment of the Qur’an, “no compulsion in religion,” must always hold true: the fact that some Muslims disobey this is “the exception that confirms the rule.” “We emphatically agree that forcing others to believe – if such a thing be truly possible at all – is not pleasing to God.”

The fourth point: the “new” – and moreover “evil and inhuman” – things that Mohammed is imagined to have brought, according to Byzantine emperor Manuel II Paleologus as cited by Benedict XVI in the lecture in Regensburg. The 38 authors of the letter object that, according to Islamic doctrine, even before Mohammed “all the true prophets preached the same truth to different peoples at different times: the laws may be different, but the truth is unchanging.”

The sixth point discussed: the “experts.” The authors of the letter refuse to acknowledge as reliable experts on Islam the scholars cited by Benedict XVI in the Regensburg lecture: Theodore Khoury and Roger Arnaldez. In order for a true religious and intercultural dialogue to be established – as the pope appealed in Cologne in August of 2005 – they issue a call to “listen to the actual voices of those we are dialoguing with, and not merely those of our own persuasion.”

The seventh and last point: relations between Christianity and Islam. The authors of the letter point out that the tremendous following of the two religions – more than 55 percent of the world population – makes it such that the relationship between them is a decisive factor for peace. In Benedict XVI, they recognize an exceptionally influential role “in the direction of mutual understanding.” They cite with appreciation the words dedicated to Islam in the declaration “Nostra Aetate” of Vatican Council II. They cite with appreciation the words dedicated to Islam in the address delivered by John Paul II in Morocco in 1999, in the stadium of Casablanca filled with young Muslims. And they express their hope “to continue to build peaceful and friendly relationships based upon mutual respect, justice, and what is common in essence in our shared Abrahamic tradition, particularly ‘the two greatest commandments’ in Mark 12:29-31: ‘The Lord our God is Lord alone! You shall love the Lord your God with all your heart, with all your soul, with all your mind, and with all your strength. The second is this: You shall love your neighbor as yourself. There is no other commandment greater than these’.”


* * *

And here follows the alphabetic list of the 38 signatories, with their respective roles. It should be noted that they belong to many nations and to different currents of Islam – the Iranian ayatollah Muhammad Ali Taskhiri, for example, is a Shiite:

1. Abd Allah bin Mahfuz bin Bayyah, King Abd Al-Aziz University, Saudi Arabia; former vice-president and minister, Mauritania

2. Muhammad Said Ramadan Al-Buti, dean of Department of Religion, University of Damascus, Syria

3. Mustafa Cagrici, grand mufti of Istanbul, Turkey

4. Mustafa Ceric, grand mufti and head of ulema of Bosnia and Herzegovina

5. Ravil Gainutdin, grand mufti of Russia

6. Nedzad Grabus, grand mufti of Slovenia

7. Ali Mashhour bin Muhammad bin Salim bin Hafeez, imam of the Tarim Mosque and head of Fatwa Council, Tarim, Yemen

8. Umar bin Muhammad bin Salim bin Hafeez, dean of Dar Al-Mustafa, Tarim, Yemen

9. Farouq Hamadah, Mohammad V University, Morocco

10. Hamza Yusuf Hanson, founder and director of Zaytuna Institute, California, USA

11. Ahmad Badr Al-Din Hassoun, grad mufti of Syria

12. Izz Al-Din Ibrahim, advisor for cultural affairs, prime ministry, United Arab Emirates

13. Omar Jah, secretary of the Muslim Scholars Council, Gambia

14. Ali Zain Al-Abideen Al-Jifri, founder and director of Taba Institute, United Arab Emirates

15. Ali Jumuah, grand mufti of Egypt

16. Abla Mohammed Kahlawi, dean of Islamic and Arabic Studies, Al-Azhar University, Egypt

17. Mohammad Hashim Kamali, dean of the International Institute of Islamic Thought and Civilization, Malaysia

18. Nuh Ha Mim Keller, Aal Al-Bayt Institute for Islamic Thought, Jordan; Shaykh in the Shadhili Order, USA

19. Ahmad Al-Khalili, grand mufti of Oman

20. Ahmad Kubaisi, founder of the Ulema Organization, Iraq

21. Muhammad bin Muhammad Al-Mansouri, marja' of Zeidi Muslims, Yemen

22. Abu Bakr Ahmad Al-Milibari, secretary-general of the Ahl Al-Sunna Association, India

23. Abd Al-Kabir Al-Alawi Al-Mudghari, director-general of the Bayt Mal Al-Qods Al-Sharif Agency, former minister of religious affairs, Morocco

24. Ahmad Hasyim Muzadi, chairman of the Nahdat Al-Ulema, Indonesia

25. Seyyed Hossein Nasr, professor of Islamic studies, George Washington University, Washington DC, USA

26. Sevki Omerbasic, grand mufti of Croatia

27. Mohammad Abd Al-Ghaffar Al-Sharif, secretary-general of the ministry of religious affairs, Kuwait

28. Muhammad Alwani Al-Sharif, head of the European Academy of Islamic Culture and Sciences, Brussels, Belgium

29. Iqbal Sullam, vice general-secretary, Nahdat Al-Ulema, Indonesia

30. Tariq Sweidan, director-general of the Risalah Satellite Channel, Saudi Arabia

31. Ghazi bin Muhammad bin Talal, prince, chairman of the Aal Al-Bayt Institute for Islamic Thought, Jordan

32. Muhammad Ali Taskhiri, ayatollah, secretary-general of the World Assembly for Proximity of Islamic Schools of Thoughts, Iran

33. Naim Trnava, grand mufti of Kosovo

34. Abd Al-Aziz Uthman Al-Tweijri, director-general of the Islamic Educational, Scientific and Cultural Organization, Morocco

35. Muhammad Taqi Uthmani, vice president, Dar Al-Ulum, Karachi, Pakistan

36. Muhammad Al-Sadiq Muhammad Yusuf, grand mufti of Uzbekistan

37. Abd Al-Hakim Murad Winter, University of Cambridge, Divinity School, director of the Muslim Academic Trust, UK

38. Muamer Zukorli, mufti of Sanjak, Bosnia


* * *

It is worthwhile to recall that even the most authoritative leader of Shiite Islam, the Iraqi grand ayatollah Ali Al-Sistani, has expressed toward Benedict XVI the respect and attention that can also be found in the letter of the 38. And he did this much sooner. In the most violent days of the anti-papal protest that exploded in the Muslim world, representatives of Al-Sistani visited on two occasions the secretary of the Vatican nunciature in Baghdad, monsignor Thomas Hlim Sbib, to express his friendship toward Benedict XVI and his desire for a meeting with him in Rome.

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The complete text of the letter from the 38 Muslims to Benedict XVI, on the website of “Islamica Magazine”:

> Open Letter to Pope Benedict XVI

The complete text of the lecture by Benedict XVI in Regensburg, in its definitive edition enhanced with bibliographical notes:

> Faith, Reason and the University: Memories and Reflections

The first extensive reasoned critique of the papal “lectio” made by a Muslim theologian and philosopher, Aref Ali Nayed, previewed on October 4 by www.chiesa:

> Two Muslim Scholars Comment on the Papal Lecture in Regensburg

Its complete version on the English website www. masud.co.uk:

> A Muslim’s Commentary on Benedict XVI’s “Faith, Reason and the University: Memories and Reflections”

The site www.masud.co.uk also hosts an analysis of the first year of Benedict XVI’s pontificate, written by one of the 38 signatories of the letter described above, Abd Al-Hakim Murad Winter. It is interesting to note the harmony between some of his criticisms and those of the Catholic anti-Ratzinger currents of “liberal” stamp:

> Benedict XVI and Islam: the first year

Another of the 38 signatories of the letter, Seyyed Hossein Nasr, a professor at George Washington University, a Shiite and a member of an important Iranian family directly descended from Mohammed, is the father of Vali Nasr, author of the book "The Shia Revival," released this year in the United States and presented in this article from www.chiesa:

> From Lebanon to Central Asia, the Rise of Shia Muslims

Ibn Hazm, the eleventh-century Muslim author cited by Benedict XVI in Regensburg, whom the 38 authors of the letter judge as a “very marginal figure” and “followed by no one,” is instead a central figure as a theologian, philosopher, legal expert, and poet in this book by Khaled Fouad Allam, an authoritative Italo-Algerian Muslim scholar, issued in the past few days in Italy:

Khaled Fouad Allam, “La solitudine dell'Occidente [The Solitude of the West],” Rizzoli, Milan, 2006, 216 pp., 17 euros.

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Saludos,

luzbelita dijo...

Tenés razón, tal vez somos unos infradotados y perturbados mentales por andar discutiendo con vos, que en vez de argumentar, te la pasás cortando y pegando discursos ajenos (encima está en inglés)

Que te garúe finito, juan manuel soria...

Saludos de mi abuelita

Anónimo dijo...

Si yo dijera que el papa es un sorete ofenderia a la familia de mierda. Por eso no lo digo. Dicho con todo res pectoris

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