03 diciembre 2009

HARGUINDEGUY

Como ya todos pudimos enterarnos, el represor Albano Harguindeguy fue beneficiado con la suspensión del proceso y la libertad, por razón de su salud. Al igual que Massera tampoco será juzgado.

Primero recordemos quién es este bichito…

Nació en Córdoba, el 11 de febrero de 1927 e ingresó al Ejército como cadete del Colegio Militar en 1943. Fue oficial del Estado Mayor y jefe de la Policía Federal antes de llegar a la cartera de Interior durante la dictadura del 76.
Harguindeguy fue ministro del Interior durante cinco de los siete años que duró la dictadura.

Fue uno de los artífices del golpe de Estado del 76. Su ambición de poder quedó reflejada en declaraciones periodísticas formuladas durante esos años.

"Nadie se cansa del poder y yo menos que nadie. Es posible que me tenga que ir de este sillón algún día, pero que a nadie, ni loco, se le ocurra que me voy a retirar a plantar rabanitos. Voy a volver en cuanto pueda".

Dios nos libre.

Beneficiado por los indultos de Menem en 1989, volvió a estar en cana a partir de 2006, aunque enseguida le dieron prisión domiciliaria por su edad.

Harguindeguy estaba a la espera de un juicio oral y público por el Plan Cóndor (como se llama al acuerdo entre dictaduras latinoamericanas - Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia, Brasil y Uruguay - para la eliminación de opositores políticos), con diecisiete represores más, entre ellos Jorge Rafael Videla, Cristino Nicolaides, Luciano Benjamín Menéndez, Antonio Domingo Bussi y Santiago Omar Riveros.

Y tiene pendiente un pedido de arresto internacional de la Justicia italiana por el mismo caso.

En esa causa se investigan las privaciones ilegítimas de la libertad de más de setenta víctimas, entre ellas María Claudia Irureta Goyena de Gelman, nuera del escritor Juan Gelman, desaparecida en Buenos Aires el 24 de agosto de 1976, cuya hijita fue apropiada y felizmente recuperada hace pocos años.

Por otra parte, también está la causa donde se investiga el secuestro de los empresarios Federico y Miguel Ernesto Gutheim, padre e hijo, dueños de una algodonera, que fueron secuestrados no por razones políticas, sino económicas. Los obligaron a firmar un contrato de exportación que abría a los militares una línea de créditos con Hong Kong.

Haciendo memoria, preso con domiciliaria en 2006, en febrero de 2008 se armó un alboroto porque lo encontraron en las playas de Pinamar, un bañero lo denunció.

El tipo estaba con arresto domiciliario… se nota que seguía considerando a todo el territorio nacional, como su domicilio, no?

Antes de la caída de los indultos y las leyes de impunidad que permitieron la reapertura de las causas, el tipo aparece dando una entrevista a la periodista francesa Marie Monique Robin, en el documental “Escuadrones de la Muerte. La Escuela Francesa”

Vean y escuchen esto:



Se puede ver una hora de este excelente documental en www.elortiba.org/soja.html
Se los recomiendo, no es fácil ver a estos personajes reconociendo que aplicaron la Doctrina de la Seguridad Nacional, utilizando la picana y la desaparición de personas como método y desnudando su profundo pensamiento.
"El enemigo" diseminado entre la población, contenía curas, monjas, estudiantes, obreros, abogados, senadores, comerciantes, industriales y niños... o sea, todos, cualquiera... aunque en su putísima vida hubieran tocado un arma.

Cuatro generales argentinos prestan su testimonio: Díaz Bessone, quien fue comandante del Cuerpo II de Ejército y ministro de Planeamiento de la dictadura; Albano Eduardo Harguindeguy, el ex dictador Benito Bignone y el ex Jefe de Estado Mayor del Ejército, Alcides López Aufranc.

Después de éste baño de mierda, sigamos:
El ayudante y custodio de Harguindeguy, Rodolfo Peregrino Fernández declaró ante la CADHU que el ministro del Interior había formado una brigada operativa para el secuestro de personas.

Peregrino Fernández también dijo a la CADHU que Harguindeguy “manejaba en forma personal todos los hechos referentes a la Iglesia”.
Su ministerio vigilaba a los sacerdotes tercermundistas, “existiendo un archivo de 300 nombres con informaciones detalladas sobre la actividad de cada uno de ellos”.
Por eso, la información confidencial sobre la masacre de los curas palotinos, el 3 de julio de 1976, se reunió en Interior. Como prueba, Fernández guardó la agenda telefónica de uno de los sacerdotes asesinados.

En agosto de 1976, un par de días después del asesinato del obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, la Guarnición Militar Salta remitió al ministro Harguindeguy una carpeta que decía “Confidencial”. Contenía los papeles personales que llevaba Angelelli en el auto volcado y que no se agregaron a la causa judicial ni se devolvieron a los allegados del obispo.
Fernández fotocopió “parte de esa documentación, integrada por correspondencia original intercambiada con el arzobispo de Santa Fe, Vicente Zazpe, referida a la persecución que sufrían sectores de la Iglesia Católica por su actividad social, un cuaderno de notas y otros papeles”.

Harguindeguy también tenía toda la documentación sobre el secuestro en mayo de 1976 de los dirigentes radicales Hipólito Solari Irigoyen y Mario Amaya, antes de que se legalizara el caso. Amaya murió en la cárcel por las torturas recibidas.
Harguindeguy también ordenó contestar en forma negativa a todos los recursos de hábeas corpus presentados ante la justicia por la detención o desaparición de personas.

El 21 de abril de 1977, el obispo de Viedma, Miguel Esteban Hesayne intentó presentar a Harguindeguy, de visita en Río Negro, los casos de secuestros y torturas que se denunciaban en el Obispado. “Regresé de dicha entrevista, angustiado, apenado y embargado de un gran temor por el futuro inmediato de nuestro país”, escribió tres días después Hesayne en una carta dirigida a Harguindeguy.

El ministro “a cargo del orden interno admite por principio la tortura como instrumento”, recapitula Hesayne.

Con una clarividencia que pocos tuvieron, Hesayne advierte que “una victoria a costa de actos indignos se convierte pronto en derrota, porque nadie construye ni al margen ni contra Dios. Fuerzas Armadas que torturan no saldrán impunes ante Dios Creador”.

Ante el Dios Creador, puede ser, lo que es ante la Justicia Argentina…

El golpe del 24 de marzo de 1976 y la represión fueron una consecuencia y no el fin. La razón del golpe y la masacre fue la aplicación del modelo económico, cuya implantación era imposible sin el disciplinamiento de la sociedad. Y hay varios que todavía no prestaron ni una simple indagatoria.

Para aplicar el modelo neoliberal, era preciso el alto endeudamiento, los ajustes, el desmantelamiento del Estado, las privatizaciones y la flexibilización laboral.
Pero para hacerlo había que paralizar un país con alto nivel de politización, con una fuerte tradición de organización gremial, estudiantil y popular, altamente movilizado y con una interesante cultura política.

Había que matarlos a todos, como siempre dijeron.
Y eso hicieron.

La justicia sigue dando vueltas sobre su eje, como una calesita, sin dar respuestas a la sociedad, esperando pacientemente que estas alimañas se vayan muriendo o enfermando.
La imposibilidad de juzgar a Harguindeguy y condenarlo es otro regalito que nos hace la justicia.
Gracias chicos.

7 comentarios:

Laura dijo...

Este turro no es la vergüenza de la familia, sino de la humanidad. Y los que no lo juzgan, otra vegüenza.

Jack Celliers dijo...

Caramba, quedó suelto. Me pregunto dónde vivirá.

Digo, qué se yo ¿no? Como para tener ubicadito a ese montón de grasa vieja.

Severian dijo...

Si, la verdad, no le vendía mal un escrachecito. Aunque en este caso cambiaría los huevos por bulones... o por molotovs

A riesgo de ponerme rompepelotas en el análisis, creo que a la hora de evaluar este tipo de hechos, hay que preguntarse ¿para que queremos justicia? ¿para que queremos que estos tipos reciban lo que se merecen? No creo que sea sólo por una cuestión de principios "porque es lo justo y ya" o "porque es lo que está bien" o algo así. Hay algo más, hay una cuestión de salud social, de prevención: queremos dejar claro que lo que pasó no puede volver a pasar, queremos asegurar que nuestros hijos no vivirán bajo ese riesgo, queremos desincentivar cualquier imitación futura de ese crimen. Es como un anticuerpo, que sirve para que la infección que sufrimos una vez, ya no se repita.

Y desde ese punto de vista creo que esa función preventiva de la justicia ya se ha logrado, al menos en todo lo que se puede lograr en una sociedad de mierda como la nuestra. Y no gracias a los jueces ni mucho menos, sino gracias a la insistencia coherente de los organismos de derechos humanos. El hecho de que estos viejos de mierda se babeen en una cárcel o en un hospital ya no hará ninguna diferencia a ese respecto.

Por eso no es tan importante si este viejo de mierda va preso o se queda en su casa para que una enfermera le cambie los pañales geriátricos cada vez que se le junten veinte pibes en la puerta a gritarle "hijo de puta". La parte importante es que cayó desde el poder absoluto al oprobio no menos absoluto. Que si algo está bien claro es que nadie puede hacer lo que hicieron estos hijos de puta y seguir viviendo como si nada, que esas cosas no se olvidan. Que hoy los nietos de este señor tienen que negar el parentesco ante sus compañeritos de escuela. Que su lugar en la historia es el de los asesinos mas hijos de puta de nuestros doscientos años de país.

Eso ya se ganó.

(igual me encantaría verlo detrás de los fierros, pero de morbo nomás, la parte preventiva de la justicia ya está cumplida)

Severian dijo...

Por ejemplo, una parte aún inconclusa y que me parece tal vez más urgente es la exposición pública y el castigo de la complicidad civil. Empezando por Joe ¡preso ya! (y dejo constancia que con la foto que pusiste me provocarás pesadillas por un par de noches) y siguiendo por la vieja de mierda de Noble a la sombra por robarse dos pibes. Y un par de obispos, claro (aunque enfrentado al hecho de que el hijo de mil putas de Plaza ya se murió, casi deseo que el verso ese del cielo y el infierno sea verdad, incluída la parte de la sodomización satánica de los hipócritas)

Luz dijo...

Amigo Severian

Comparto muchos de tus conceptos.

Lo mismo, el motivo de mis quejas es que el aparato judicial hace las cosas de forma tal, que vuelve imposible la aplicación de justicia, y te quedás impotente porque al final, estos asesinos, entre leyes de impunidad, indultos, detenciones domiciliarias que violan sistemáticamente y esas ricuras, no te dejan ni el gusto de verlos condenados en un juicio.

No sé si viste la película "el secreto de sus ojos". (Si no la viste, te la recomiendo)

Es estrictamente de lo que se trata ésto: PERPETUA.

Hace 25 años que estos tipos tendrían que estar presos.

Nadie les quiere arrancar las unas con una tenaza ni someterlos a condiciones infrahumanas de vida. Sólo que tienen que estar presos.

Perdieron tantos años, primero por complicidad política y ahora por complicidad del aparato judicial y también porque ya son unos viejos del orto, que tienen más de 70 años, así que les corresponde prisión domiciliaria.

Solamente luchamos para que un tribunal los condene a perpetua, esa es la forma de asegurar, como vos bien decís, "una cuestión de salud social, de prevención: queremos dejar claro que lo que pasó no puede volver a pasar"

Es difícil de aguantar que tipos como Massera, condenados a perpetua en el año 1985, no hayan cumplido ni 5 años de cárcel.

Y en el caso de Harguindeguy, ni siquiera tuvo que enfrentar un juicio, ni siquiera fue condenado. Y se babeará algunos años más, pero morirá sin haber sido condenado.

Es simbólico, pero es todo un símbolo.

Y respecto de Joe y sus Chicago boys... olvidate.

Estamos apenas logrando la condena de un mínimo grupo de genocidas, probada la masacre, encontrado los restos de algunos desaparecidos, en base a un supremo esfuerzo de las víctimas y los organismos.
Y eso porque el poder les soltó la mano.

A Martinez de Hoz y Alemann y todos esos saqueadores vernáculos, no les sueltan la mano y no vamos a lograr tocarlos ni con el punta de una pluma.

Y eso es lo que me hace escribir un post como éste.

Severian dijo...

Estaba pensando que tal vez mi posición respecto de estas cosas pueda confundirse con ese triunfalismo medio ciego de la izquierda. Nada más lejos de mí: creo que estamos bien lejos de cualquier objetivo de justicia social imaginable, y que como país mas bien vamos en la dirección contraria.

Sin embargo, respecto del juicio y castigo a los asesinos de los 70's, no puedo dejar de recordar la depresión con la que vivimos en casa (en los albores de mi conciencia política) cuando fueron el punto final y la obediencia debida. Y mas tarde la absoluta desesperanza que me causaron los indultos: creí que se había perdido cualquier posibilidad de justicia, el mensaje entonces era muy claro "mate, torture y robe que de todos modos lo protegeremos".

Como no me olvido de esos momentos, vivo el momento actual con algún optimismo. Entiendo que quienes participaron de la lucha (en lo personal solo fui a algunas marchas) puedan estar hartos del manoseo y vean la desidia judicial como una barrera similar a las anteriores. Pero el peso simbólico es otro: ahora no son heores de malvinas sino delincuentes comunes que, como tantos otros, no van presos porque ineficacia de los tribunales y no porque la patria les deba honras.

Saludos

PD: lo de arrancarles las uñas.... y que se yo.... es tentador.

Luther dijo...

y lo peor es que harguindeguy es legalmente inocente: ninguna de las causas que tiene concluyeron! va a morir inocente... las prisiones que tuvo decretadas varias veces desde 2006 son "preventivas", busquen la cantidad de noticias de harguindeguy preso, son varias a lo largo de los años y son solo para tranquilizar al pueblo que exije justicia. justamenete cuando lo pescaron en pinamar el estaba en libertad, no estaba ni siquiera preso...

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